El sector turístico de la provincia de Tarragona repite en este 2025 una buena temporada en términos de ocupación, si bien no se han cumplido las expectativas generadas después de los excelentes meses de abril y mayo que apuntaban hacia los registros récord de 2022. A falta de cifras exactas, la Federación d'Hostaleria i Turisme de Tarragona (FEHT), -especialmente fuerte en la Costa Daurada central con el 90% de las plazas de todo el territorio-, prevé unas cifras similares a las del pasado año, con ocupaciones en torno al 75% en julio y por encima del 85% durante el pasado mes de agosto, gracias a puntas del 95% durante el puente del día 15.
"En ningún caso -valora Xavier Guardià, portavoz de la FEHT- se puede hablar de un mal año, aunque tampoco estamos ante uno extraordinario". En términos generales, las voces más experimentadas consideran que están siendo buenos meses, aunque factores como el calor extremo, la debilidad de las grandes economías europeas como la alemana o la francesa, el incremento de los precios y la competencia de mercados como Turquía, norte de África u Oriente Medio han enfriado notablemente las sensaciones del tejido empresarial.
Por su parte, la Federació d'Associacions d'Empresaris d'Hostaleria de la Província de Tarragona (AEHT), -con más presencia en las grandes ciudades y en el interior-, también se ha mostrado moderadamente satisfecha y confirma la tendencia -que ya había vaticinado a finales del mes de junio- hacia un "aumento de las reservas de última hora, con estancias más cortas y un gasto más contenido por parte de los clientes".
Las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman en julio, a modo de contexto, una leve caída del número de turistas en Cataluña (-1,3%, con 2,35 millones de turistas), un mes "algo inestable e irregular", en palabras de Guardià. En julio llegaron un 4,8% menos de turistas alemanes y un 3,1% menos de franceses. Por el contrario, el gasto medio por turista rozó los 1.400 euros en dicho mes, un 6,5% más que en 2024, lo que compensa parcialmente la caída en el volumen de viajeros. A nivel nacional, entre enero y julio España sigue en máximos con 55,5 millones de turistas internacionales, un 4,1% más, que rompieron la barrera de los 76.000 millones de euros en términos de gasto, lo que representa un aumento del 7,2%. Solo en julio, el país registró más de 11 millones de visitantes, -cifra récord para ese mes-, con un gasto cercano a los 16.500 millones.
Desestacionalización
Aunque a primera vista parezca una paradoja, esa irregularidad a lo largo de julio no puede considerarse una mala noticia, ya que supone un buen síntoma en términos de desestacionalización, con los tempos de la temporada alta -entendida desde el 15 de julio al 15 de agosto- mucho menos marcados que hace unos años. "En julio no sube tanto, pero la bajada desde mediados de agosto ya no se nota tanto", explican desde la FEHT, que celebra ese ritmo más constante para evitar la saturación de agosto a cambio de un flujo de visitas en septiembre, octubre, e incluso noviembre. "Lo idóneo para nuestro sector es una continuidad en la demanda, y es ideal si comienza en marzo y se alarga durante el otoño", razona Guardià, que confía en que este año también se prolongue la temporada con niveles de ocupación crecientes. Desde la AEHT también confían en un buen septiembre y que se mantenga la continuidad de la temporada durante todo el año.

Como en años anteriores, el grueso de los visitantes en el territorio durante el punto álgido del verano se nutre sobre todo de catalanes y españoles, seguido de los franceses, británicos e irlandeses, que han ocupado el cuarto lugar que antes tenía el turismo ruso. El turismo doméstico predomina en julio y agosto, mientras británicos y franceses "acostumbran a llegar un poco antes". Alemania, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Italia y Portugal también son mercados que se dejan notar: "Todos están funcionando razonablemente bien, en especial la recuperación del británico, que vuelve por fin a cifras de 2019; el alemán, el belga o el holandés también han mejorado este año".
El impacto de una climatología extrema
A falta de estudiar a fondo las cifras y abrir un debate entre expertos, la sensación de los empresarios turísticos es que las elevadísimas temperaturas -con puntas superiores a los 40 grados- no han pasado factura en Tarragona. Esencialmente, se mencionan dos factores: la cercanía del mar, por una parte, y las buenas infraestructuras de los alojamientos, con espacios acuáticos cada vez mejor preparados para aliviar el calor. "A bote pronto, nuestra impresión es que los destinos de costa son más atractivos que los de interior en plena ola de calor".
En ese sentido, según la información suministrada por la AEHT, en el interior de la provincia las sensaciones son variadas. La Conca de Barberà cerró un julio de récord, en parte gracias al turismo de negocios (MICE), y ha mantenido una buena tónica en agosto. En el Priorat, julio superó al 2024 con una ocupación más estable y un precio medio superior. La comarca ha tenido un buen agosto turístico, con un 'mix' del cliente nacional e internacional, y confía seguir en la misma línea en septiembre y octubre, considerados los mejores meses del año. En cambio, en la Terra Alta, la ocupación hotelera se situó en mínimos históricos con estancias más cortas. El grave incendio forestal padecido impactó gravemente en la actividad turística de la zona.
Por lo que respecta al turismo rural, en primavera se preveía una muy buena temporada, pero finalmente las previsiones no se han cumplido y no ha ido tan bien como se esperaba. Según la Confederación de Turismo Rural y Agroturismo de Cataluña (Turalcat), el pasado julio terminó con ocupaciones entre un 60 y un 70%, y agosto -un mes donde es habitual el cartel de completo- en torno al 80%. Desde la Asociación de Turismo Rural de les Terres de l'Ebre (Aturebre) apuntan que el calor extremo ha podido inclinar a muchos hacia la playa o a destinos del norte y centro de Europa.
En relación al turismo urbano, con Tarragona y Reus como puntos destacados, la AEHT describe una temporada similar a la del año pasado. En Reus durante el mes de julio la ocupación media se mantuvo en torno al 60% entre semana y con puntas del 90% en los fines de semana, mientras que en agosto ha subido por encima del 80%. Tarragona ciudad mejora con una ocupación del 85% en julio y ha rozado el cartel de completo en agosto, además con un incremento del precio medio que ayuda a compensar el aumento de los costes. A diferencia del resto de ciudades, Tarragona ha mantenido mayor solidez en la demanda desde el mes de junio y en septiembre, tradicionalmente positivo en cifras, se mantiene la expectativa de un mes fuerte.
Poca alegría en el gasto
El presidente de la Federació d'Associacions d'Empresaris d'Hostaleria de la Província de Tarragona (AEHT), Francesc Pintado, confirma la tendencia que ya detectada al final de la temporada 2024: "El cliente nacional acepta pagar más por el alojamiento, con precios claramente al alza, pero su bolsillo está al límite y ha recortado en gastos de restaurante y ocio en general; creemos que la disponibilidad económica de las familias es menor por el incremento del coste de la vida, y se nota también en el presupuesto vacacional el aumento de precios derivado de los costes que deben asumir los establecimientos hoteleros". En este escenario, el sector de la restauración ha padecido hasta la fecha un verano más irregular que de costumbre. "La actividad es muy alta durante los fines de semana, incluso con un exceso de saturación, durante los fines de semana, pero el resto de días se ha dejado notar bastante la contención del gasto".
